Hay partes de nuestro cuerpo que ahora no hacen nada . Cuando hace
una (o no mucho más… de una) década que nos hacían la vida más fácil… incluso
nos la salvaban. Los historiadores dicen que “nuestra evolución” es la historia
de lo que dejamos atrás, lo que “descartamos”. Así es la historia… o como lo
llamo yo en el 2013… el punto de inflexión y (en ocasiones) el coste de “seguir
adelante.” Después de estos 16 días tan rápidos y dolorosos para
mi, he caído sin darme cuenta en que el cuerpo por precavido solo mantiene las
cosas que son absolutamente necesarias. Las “cosas” (por decirlo de alguna
manera) que no se usan o que puedan entorpecer una recuperación las desecha,
renuncia a ellas. Se sacrifica… dejándolas ir. Se aferra... de
manera ilógica a necesidades que ni suponías que estaban
ahí.
…en
todos estos días de agujas, sueros, analgésicos y subidotes de antibióticos me
lo he preguntando varias veces:
Por qué sienta tan bien
deshacerse de cosas¿? …por qué somos tan valientes para renunciar¿? ...y en
realidad tan cobardes… como para salir huyendo en vez de seguir ahí, sin marcharnos¿?
…al descargar, al dejarlo ir,
porque somos tan egoístas¿?
Por qué…
somos incapaces de ver lo que necesitamos de verdad antes de que el miedo
desmorone nuestra confianza y gane la batalla forzándonos a olvidarlo o empujándonos
a salir corriendo… por qué¿?, por qué aún hay veces que sin quererlo pasa¿?
“Tal
vez, cuando vemos lo poco que necesitamos realmente para sobrevivir… nos hace
darnos cuenta de lo cuán poderosos realmente somos. Para reducir (todos
nuestros esfuerzos) a aquello que verdaderamente nos hace falta. Para depender... sólo
de lo que no podemos estar sin ello.
Lo que
necesitamos…
...no solo para sobrevivir, sino
para prosperar. ”
…esa
…es mi conclusión.
#PorqueSigoEchando(Te)DeMenos