“Sé que soy más de sufrir las
respuestas que de hacer las “preguntas” correctas.”
(Tú…….)
Ya sabes
como soy….
Es esta
“gandulería” a veces tan mía. Tan mía… que se apodera de mis rincones, y me
abraza tan fuerte, que su calor llena los huecos desocupados (de los que me
preocupé) porque sig(uier)an intactos.
…y Tú,
(que ya
sabes como soy….)
Son estas ganas, locas (todas ellas) llenas de
ganas que no pocas! Es… esta puñetera pereza, de que “aparezca”, de que tenga
razón y sea esta. Tú lo llamarías “agotamiento por falta de fuerzas” a mi estas
infinitas ganas de deshacerlas, me indican negligencia.
(Te
“miro”)…y respiro,
…y es
que no me queda otra toca coger aliento, seguir “creyendo(me)” y soplar al
miedo para que “salga corriendo”. Y aquí lo entiendo… es el arrancar. Arrancar
el comienzo, empezar desde diez. Sumar seguir latiendo….
Hoy es
ella quien me aguanta el nudo, quien le dice a mi garganta “esta vez no”, “esta vez como muchas… puedes”. Y no te lo
vas a creer, pero me cuenta que mis miedos solo están porque si se van… me
echarán de menos. Ya no me cuenta cuentos como antes, pero con los años mi
madre esta más bonita que siempre, que nunca. Me mira y es inevitable no
contarle…. que a veces como hoy, me siento tan pequeña cuando vivir es tan
grande. Me abraza contiene dos lagrimas y me repite que “mi sobrevivir” es todo
un arte. Que aunque cada día siga sin ser la misma por lo que pase, que no olvide
a cada instante que todo suma, alienta, que (todo) es acierto si se va
sintiendo y que no permita por nada ni (mucho menos!!!) nadie, que reste ni
cueste. Que no deje de mirar tan así… “esa forma tan mía” dice…. y es en ese
momento cuando consigue sonrojarme y sin “percatarme” me ha cogido lo que
pesaba, y ha desaparecido el “peso” que en estos días… tanto aplastaba. Pero no me
preguntes… no sé como lo hace. Me vuelve abrazar y me susurra “que aunque
inciertos son todos mis comienzos… que
nada me (des)gaste el aliento.” Y sonrío y me pellizca la mejilla al compás que
me guiña un ojo, me recuerda que “tenga cuidado con la carretera”, que “ni se
me ocurra irme sin despedirme de mi abuela”, y vuelve a refunfuñarme “vas tarde
y apenas has comido lo que deberías para alimentarte” como de costumbre. Saboreo
su últimas caricias… y como de costumbre, la llevo conmigo mientras me (alejo.)
vuelvo a ir… lejos.
Y ahora,
hoy… solo puedo detenerme en algo:
“Quien cae y se levanta… nunca
fracasa, porque siempre lo seguirá intentando.”
…y Tú,
si tú, que en estos días apareces y me
persigues “hasta en los sueños” que no tengo.
Tú… si tú,
estas… ineludiblemente estas.