(..si deseas ayudar a esta web, solo tienes que pinchar en la publicidad.....Gracías)

lunes, 10 de octubre de 2016

Límites....

Son los que “(nos) marcamos”, enfrascamos y construimos. Aquello que decidimos en algún punto entre lo que sucede, y lo que sabemos que merecemos. Lo injusto nos hace exigir a los demás más normas, más “parámetros” …en definitiva… más limites de los que nos pondríamos a nosotros mismos. Lo fácil seria protegerse, lo menos fácil llega por si solo cuando ya has experimentado “con creces” un bagaje con repetidas situaciones, algunas… agotadoras. Las experiencias nos marcan, allí donde tocamos fondo, y (queramos o no) nos definen sin palabras. Arrastramos y defendemos todo lo que nos desborda. Alejamos y “delimitamos”, y nos pedimos. Reivindicamos mientras nos encabezonamos…
…y con… o sin razón… ponemos e implantamos limites.
Admito (en mi caso y solo en mi caso) que en más ocasiones de las que me gustaría son necesarios, cada uno por los cuales luego hay recompensas o simples promesas con más de un guantazo. Son las desilusiones… las decepciones profundas… las que nos conducen... nos llevan y ejercen el poder para en el “desfragmentar” se unan los pedazos, entendiendo y sintiendo que los necesitamos para seguir “pegándonos”. Para no insistir, para no caernos…  donde siempre queremos “volver”. Aquello que conocemos, que nos es “familiar” y donde hasta ahora y a pesar de ser solo un “trozo” en el destrozo es más casa, más nuestro y profundo que lo que admitiríamos delante de alguien que nos conoce casi tan bien como nosotros mismos.

Aprendemos… a delimitar. Construimos sobre lo vivido, nos hacemos de rogar y para no repetir lo destruido, en el “reinventarse” no entra eso de mentirse ni de volver a golpearse con lo “ya conocido”. Así que por segundos consecutivos te rindes… te dejas caer con todos los pedazos sin intentar seguir luchando ni pegaros. Quedando tú… abrazando todo lo que eres e implicas, sin nadie… sin nada que perder… y al sentirlo sin poder explicarlo... lo sabes. Son ellos… esos mismos… los que se encargan… de poner a los demás en su sitio, incluso cuando no sabes ni como hacerlo. Son los que siempre están ahí, los que te abren a los demás eligiendo las puertas por puro instinto, el propio, ese que aún estando locamente perdi@, te encauzan… te endulzan, ablandan el corazón haciéndote más human@, más empática pero más dura, esos mismos son los que te cambian. Los que “formulan” otra parte de ti que desconocías hasta ahora, esa que no estaba ahí, porque hasta hoy no la merecías al necesitarla. Y ahora que no la necesitas… y la conoces mirándola en ese mismo espejo en el que te ves cada día, te hace un poco más fuerte. Una vez aceptada… eres más tú, de lo que eras antes. Y es mejor… que cualquier protección que te hubieras construido hasta ahora. Ya no hace falta huir de situaciones, ni personas, ni protegerte de nada, solo mirarse a los ojos y escribir bien cada uno, que en el “orden” de tú desorden todo tenga cabida, todo este fuera de lugar en su sitio y que quien quiera quedarse no intente estar sino implicarse, que quien no sepa cómo entienda porque “tampoco”, y aquel que quiera aprovecharse sienta sin tener que explicarle… que pierde antes de moverse.  Que todo este… donde merezcas. Donde realmente… quieras.


Eso… es lo único importante.