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viernes, 26 de febrero de 2016

Deje de esconderme aquel día que aún aferraba a si misma... seguía abrazándome, susurrando "no tengas miedo".

No había visto tanta energía, desde que la vi a ella.
 Impresionada por mi falta, cada vacio dentro… lo llene de voz .
Encontrarme de repente esa “incapacidad” y suma de defectos, desato en mi… un  torrente,  de esos que no puedes dejar “pasar”,  de los que tranquiliza alguna madurez ahora,  pero en el “antes” me arrepentí muchas veces. Es el tipo de corriente incandescente que revienta…  que no intenta, sale a barrer, a desmantelar, a devastar comprensiones, razones y argumentos por los rincones de cualquier capacidad que creas que me puede recluir.

…me he dado contra la pared tanto, que si tuviera que contar chichones tendría traumas craneales. Digo esto… con una sonrisa, sabiendo identificar hoy, cada uno de los golpes. Donde por cada mínimo rasguño ahora se tomar como ventaja, adelantarme a posiciones, a situaciones y circunstancias… que pudieran parecer(te) sutilmente semejantes, pero distintas y diferentes por dispares todas ellas.

Aplaudo a mi furia segundos antes de salir a incendiarlo todo y justo cuando pudiendo… se calma. Le perdono a ella… porque primero me perdono yo, por no aceptar y conocer que… (*que no es ninguna de las que he conocido, ni conoceré en mi vida*)…

He entendido que el perdón es poderoso. Que lo es, hasta el punto de que sin apreciarse al apenas notarlo…  a su paso, lo cambia todo. Que es muchísimo más valioso… cuanto más “nos resistimos” y creemos que no es necesario.

Cuando aprendes esto…  aceptas lo que sucede, y reconoces lo que te falta.
Alcanzas a todo.

(sintiendo que estuvo ahí, entero e intacto este tiempo)

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