Rakyfitz es una persona fuerte, sencilla, alegre, profunda, e impaciente por instinto. Un alma libre, tanto, que hasta a ella, se le escapa de entre los dedos cuando intenta, hacerla llegar a alguna parte. Si la pudiéramos definir en una simple frase sería “culillo inquieto”. Un corazón latiendo. Como ese silencio que inicia la chispa, antes de ver la luz, cuando llega el trueno. Como el segundo antes de un beso, y la incertidumbre de quien vive en un continuo seguir creciendo. Es la neurosis del futuro, consciente del presente. Es reaprender a disfrutar, y todo ello, en pausa. Es ese click, al “ colgar el reloj”, al “pulsar” el botón de emergencia, donde no importa nada, ni tampoco nadie. A su vez, es, sin esperar, ni querer obtener nada a cambio. Porque entendió, que a veces no llega, que otras desespera, y eso, ya no vale, por ilusorio y poco justo. Es la memoria que recuerda, y la duda que ofende, que eriza y enciende, los pulsos de la piel. Es lo desconocido, de la incomodidad, en lo de siempre. Es esa nueva idea. Ese “volver a mirar”, con otros ojos. Darle la vuelta de “tuerca” a lo cómodo, a lo de “toda la vida”. Es obsesión, terquedad, fascinación, por una idea, una materia prima, una combinación de ingredientes, una receta, mil sensaciones. Una emoción en mayúsculas, crujiente, diferente e irritante. Algo tan sencillo, que no se puede ver, si miras a simple vista. Es esa emoción que desborda y atrapa a la razón, es como el estar cerca sin estar, o el ser, sin la necesidad de apretar, ni aparentar. Es lo que ves, bailar con furia, cantar como posesa, transparencia en cada poro de la piel. Toda ella, capaz de hacer lo imposible posible, con toda, o poca lucidez, cuando está, entre ideas o algo le hace querer aprender. Se inspiró, buscó y resguardo, durante muchísimos años en la perfección, aunque sabe que no existe. A veces aún la persigue, aunque es consciente que se acercará, sin atraparla. Es generosidad y rareza, a partes iguales. Introspección, locura, dureza calida, frío abrasador, y hielo sofocante. Es la duda y certeza, compleja en lo más fácil, pequeña obstinada, si siente la presión, frágil y huidiza, en el quédate a toda costa. Fluida, curiosa, y ligera, como una pluma en lo complejo. Es la que une lo roto, como cántico y protección ancestral, en modo “hilo rojo”, y hace con ello, algo, que vibre bonito. Es la que deshace los puzzles incompletos, y organiza, lo que no se sabe cómo hacer. Es tristeza en la tercera gota, constancia sin límite, felicidad hasta el delirio, perseverancia incansable, y rendición, en la tranquilidad de la soledad, que regala la palabra cruda. Es corazón a flor de piel, alivio en el buscarse, y suspiro en el poder llegar, a ser, convertirse, transmutar y cambiarse. Sueña grande, con los pies metidos en la arena, como la que sabe que tiene tiempo limitado, y que hay tiempo ilimitado, para seguir emocionándose. Ella, sigue sintiendo con la planta de los pies entera, completamente inmersa, inmersa profundamente. Es intensa, porque prefiere la verdad de sentirlo todo, que la mediocridad de vivir a medias. Prefiere romperse en serio, que pasar toda la vida anestesiada por dentro. Elige arder en rabia, frustración, impotencia, tristeza, enojo, …en lo que sea, aunque en vida. Antes que fingir calma y ser “facilita” de digerir. Porque nunca nadie le enseñó que no sentir sin desbordarse, era posible, y ya no sabe sentir a medias, ni tragarse palabras complejas. Es potencia, energía, entusiasmo, vigor, pasión, rigor, exaltación… es subir lo impredecible a implacable, porque no baja ni una rayita el volumen de su alma, para caber en un lugar bien incomodo. Entendió debajo de tormentas, y con poco buen tiempo, que las palabras importan, transforman, pegan fuego, y a veces, apaciguan y arrasan, con todo a su paso, alejándola poco a poco. Atesorando segundos sueltos, recompuso y recogió pedacitos, ahí, comprendió, que ser intensa, no es un defecto… es el fuego que la mantiene VIVA. Por ello, es la que incomodaba sin querer, para que si se tienen que ir, vayan saliendo, sin quedarse en mitad de la puerta. Ahora, esa incomodidad sostenida, es inédito sello de identidad, porque encajar, ya no forma parte. Es la que tiene el valor, y dice lo que todos sienten, y siente sola, por entenderse. Es la que se deja llenar, por las olas en el natural ir y devenir. Es paz, porque entendió que en algún momento, tenía que firmar la tregua y hacer las paces consigo misma. Que era URGENTE abrazarse, aunque no fuera el mejor momento. Que lo importante, a veces, es no darle importancia, y que decidir, también da licencia para poner en la duda. Por eso, es buena por decisión propia, porque entendió que quizás no todo es por AMOR, aunque si, por el propio. Es sutil e invisible, cuando se acerca, y desdibuja algún límite, porque no le queda otra que aceptar, que antes de borrarlo, ya lo han pasado, ganado, y esforzado con creces. Al ponerle más “amor” al corazón, más cariño a la sin razón, y calidez a ese desconocido, punto de inflexión, y para ella débil, a su comprensión. Al desmontar(se) por invadir, entrar y cortar a menos, el espacio personal de interacción. Que quien es hoy, es por un (im)pulso, que va desde el corazón a los ojos, con cicatrices que no le agradan, heridas que no siempre, puede sentir o mirar, aunque si abrazarlas. Algunas las tenía que sentir, otras por aquellas que no le correspondían, recuerda las sanadas… para no repetirlas, y otras…; Otras…, aún le pillan por sorpresa y le cogen de la mano, mientras duelen, e incluso la calman, cuando no puede verlas, aunque si sentirlas. En muchas ocasiones, la ayudaron a salir, a seguir, a construirse, a ser, a buscarse, a fortalecerse. En demasiadas ocasiones, así la protegen. Ninguna de ellas huye, se sienta cerca, la compañan, la cuidan, la sostienen, y también la liberan, aunque a veces también la atrapan. Porque Aroa es todo aquello que puede sentirse y se sigue mviendo. Es justo… como el viento, como esos segundos que dura… un “soplo” de aire fresco.
https://www.youtube.com/watch?v=yeHk7MKorvU&list=RDyeHk7MKorvU
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