…los guardo en la punta de la lengua,
atesorados. Me refugian del frío cuando me callo, cuando pienso dos veces
antes… todo lo que haría en el “mientras tanto”. Los guardo... andando, para no
sentirme esperando, para no esperar ni lo inesperado, para no tener que
ilusionar(me) a las expectativas, para no ilusionar(te) a esperarlo, ni a esos deseos
que sin intencionados hechos de seguro esperan algo que puede… que no vaya a
llegar.
Sentir esta tranquilidad (me advierte) que es
sencillo sobre todo si la tormenta esta “todavía” a punto de empezar. Mentiría
si te dijera que me acostumbré a extrañarte, que este “no dejar de llover” me
ayudo a no dejarme mojar por alguien. Realmente no deje de mojarme nunca y solo
supe comprarme un paraguas más grande… por si decidías un día convencerme
murmurándome al oído "lo quiero todo contigo" , y solo al
acompañarme a contar los miedos demostrarme al quedarte... no querer dejarme ir.
Son estos labios… los que sentirán ansiedad
si al tenerte delante pienso en besarte. Al morderlos ahora, es cuando la mente
grita mil cosas antes de cerrar los ojos. Esta vez no voy a engañarme ni
tampoco a huir. Y es verdad que no es fácil, pero cuando lo sueltas, cuando de
verdad ya la has dejado ir, sin decidir…
…es en la ausencia de su piel, de los
escalofríos por morder, donde los susurros al caer llenan las yemas de los
dedos al dejar de mentir. Es la convicción la que abriga el espacio vacío y llena de calor diferente el no intentar(nos)lo.
He aprendido que la cabeza solo sirve para
cultivar una mente engañosa por naturaleza, que no soy yo, ni me define a mi.
Que pocas veces tiene la razón porque jamás tendrá ni intuición ni corazón….
"…tal vez si es para ti…qué vas a decidir?¿"
…esta en su olor mi
decisión.
…cuando son las
diferencias las que nos han cambiado, ya no solo basta con estar ahí, todo es distinto
eso anuncian mis mil maneras de sentir por sonreír.
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