Cuando estamos “sin ciertas cosas” el tiempo
suficiente, es fácil olvidar…
…cuanto las
necesitamos.
Con los pasos, lo vivido, las personas que se
van, los años, las faltas, los errores, los aciertos, los daños, las sonrisas,
las despedidas, las vueltas, las idas, las venidas, las personas que se han
ido, las que aún están por salir, y algunas por descubrir o encontrarnos… nos
vemos casi “obligamos” a protegernos; …a hacernos más resistentes, a
“cuidarnos” cada uno a su manera pero de seguro en exceso.
Un día nos levantamos y nos sentimos
diferentes, un poco más nosotros, un poco más… enteros, resistentes. Pero en
ese trascurso “sin saberlo”, nos olvidamos de lo mucho que las llegamos a
necesitar. A esas pequeñas cosas, así las llamo yo, por llamarlas de alguna
manera, no porque sean pequeñas, ni siquiera son cosas. Son… esas de las que
llevamos tanto tiempo “olvidándonos, alejando y/o protegiéndonos”; A veces lo
he hecho por miedo, por desconocimiento, por no “querer hacer daño” ni sufrir,
por pánico… he incluso sin saber por qué lo hacia, lo he hecho. Siempre se me
dio bien huir. No sé muy bien por qué “caigo” en esto…
Solo siento… que la perdida que “olvidamos”,
en ocasiones llegamos hasta ese punto en que no recordamos siquiera que las
tuvimos una vez. Admito que he olvidado más que mucho de vosotros, y que cuando
olvidamos que es vivir sin esas “cosas”… ya no preguntamos sobre lo que
necesitamos, ni sobre lo que queremos…. Sino sobre lo que no queremos.
Por eso es tan
importante recordar.
…por eso es tan
importante que recordemos…
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